En su análisis sobre las condiciones laborales en la industria del new media, Rosalind Gill9 identifica un repertorio de estímulos: el placer y la diversión; la autonomía, el emprendizaje y la ausencia de jerarquías; la innovación y el aprendizaje permanente; la comunicación y el intercambio; la posibilidad de participar en proyectos de impacto social; la percepción de que estos entornos de trabajo son igualitarios y abiertos a la diversidad; y la fascinación por lo novedoso del sector. En su “Pentagram of Creative Work” Zoe Romano10 señala un elemento más: el prestigio y el reconocimiento entre pares. Ambas investigaciones destacan que los creativos están profundamente convencidos de que lo que hacen es beneficioso para el conjunto de la sociedad y que casi todos viven su profesión como un espacio idóneo para la acción social. También coinciden en que, entre sus motivaciones, la dimensión económica y la seguridad laboral son elementos secundarios: “Si quisiera tener un empleo estable y ganar dinero me dedicaría a otra cosa” dice uno de los entrevistados por Gill.
El resultado es que para los creativos, los límites entre los tiempos/espacios de vida y los de trabajo se diluyen. Han conseguido transformar sus aficiones en una profesión y perciben esto como una ventaja, incluso como una victoria contra el trabajo convencional y todo lo que este representa de alienación y servidumbre.
En la mayoría de los casos, trabajan en economías de nicho con altas dosis de precariedad y autogestión, en condiciones laborales autoreguladas o desreguladas, sin categorías profesionales precisas y con muchas concesiones a la economía invisible. Combinan contratos puntuales, laborales o de prestación de servicios, con periodos de inactividad y experiencias de auto-empleo, pasando de uno a otro de estos estatus con frecuencia. Su supervivencia real depende en gran medida de redes informales de colaboración -tanto personales y profesionales como familiares- y de las muchas ramificaciones del Estado de Bienestar como becas, financiación pública de proyectos o prestaciones de desempleo. En conjunto, su situación es incierta y difícilmente sostenible en el largo plazo, a medida que la economía creativa alcance el nivel de desarrollo que se espera de ella.
De las entrevistas realizadas por Gill en los Países Bajos se desprende que en los empleos del new media los ingresos son muy inferiores a los de otros sectores. Más de un tercio perciben menos de 20.000 € anuales, la mitad de los cuales menos de 10.000 € anuales y sólo otro tercio tiene ingresos por encima de la media nacional holandesa que es de 30.000 € anuales. En contraste, 9 de cada 10 trabajadores fijos ganan más de 30.000 € al año. Y mientras que estos trabajan de media entre 35 y 40 horas semanales, los profesionales del new media trabajan de 55 a 80 horas semanales. Según el mismo estudio, los trabajadores cognitivos sufren más ansiedad y frustración que los demás. A la inseguridad laboral se suman la dificultad de regular el flujo de trabajo (periodos de mucha intensidad son seguidos por otros en los que escasean los proyectos), la presión de la formación permanente (en sectores que evolucionan a mucha velocidad) y una sociabilidad compulsiva y con fines profesionales (en el 98% de los casos los proyectos surgen a partir de una relación personal). Muchas de las personas entrevistadas reconocen también que, para ellas, la maternidad es una opción muy difícil14.
And a new logistical subjectivity is being produced in the university in keeping with this dispersed and in some sense humanized form of R&D. This is a logistical subjectivity that mines information for compatibility, one that can plug itself in anywhere, without an adapter, as the laboring conduit between disparate forms of information, goods, cultures, languages, finances and affinities. This logistic subjectivity is the one we talk about when we talk about our teaching, when we say it is not the content of the play or poem or ethnography we are teaching that transfers skills to the student, but some general capacity to move between such contents, connecting them in a process of lifelong learning. What is the distance between what we say and what we mean here? Is our work not something like this connecting? Have we become only logistical experts ourselves?